Historias de mi experiencia: Una ingratitud injustificada…

A lo largo de nuestra experiencia laboral y de nuestra formación académica, todos nosotros pasamos por multitud de instituciones y conocemos a un gran número de personas que nos aportan algo valioso.

Por ello, y continuando con las “historias de mi experiencia” en las que comparto algunas anécdotas que pueden llevar a la reflexión, en esta ocasión me gustaría publicar algo que debería hacernos pensar sobre la necesaria reciprocidad que debe existir entre una organización y sus trabajadores o, como se señala en este caso concreto, entre los candidatos a un puesto de trabajo y la empresa que desea cubrir una posición.

Estas experiencias me hacen preguntarme qué ocurriría si una empresa actuase de este modo con sus trabajadores y/o candidatos; pues en ocasiones parece que solamente se deben tener en cuenta los derechos de los individuos y no se piensa en el perjuicio que puede suponer, para una organización, la forma de actuar de determinadas personas cuyas acciones no tienen repercusión alguna por muy inapropiadas que sean…

Por ello, creo que la sociedad no solamente debe señalar y ser inflexible con todas esas empresas que llevan a cabo prácticas totalmente intolerables; sino que también se debería destacar, e incluso penalizar, a aquellos individuos que se escudan en sus derechos para vulnerar los derechos ajenos.

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