La unión hace la fuerza… ¡Y ayuda a innovar!

Aunque, en las últimas décadas, la innovación se ha convertido en objeto de deseo para multitud de organizaciones; lo cierto es que no todas estaban dispuestas a aceptar la contratación de perfiles creativos y emprendedores que se alejasen del trabajador prototípico de la propia compañía.

Además, muchas de las empresas que realizaron la contratación de este tipo de perfiles se encontraron con un problema adicional, pues comprobaron que muchos de los procesos de innovación desarrollados habían fracasado debido a factores externos a la propia organización; por lo que se comprobó que el éxito no dependía exclusivamente de la creación de culturas organizacionales y políticas de Recursos Humanos que fomentasen actitudes positivas hacia la proactividad, la creatividad y la asunción de riesgos.

De este modo, los procesos de innovación se fueron convirtiendo en una quimera aún más deseada y mucho más compleja de conseguir.

Ante esta situación, los modelos tradicionales de innovación, descritos como una sucesión de etapas desarrolladas a través de un eje formado por la investigación, el desarrollo y la comercialización por parte de las empresas, dieron paso a nuevos modelos en espiral como el “modelo de la triple hélice” propuesto por Henry Etzkowitz y Loet Leydesdorff.

Este modelo, que pretende fomentar el desarrollo económico y social a través de la innovación, sugiere la necesidad de que existan interacciones entre el ámbito empresarial, el gobierno y las instituciones educativas; generándose interconexiones, entre los tres elementos, que permitan generar entornos de colaboración propicios para el surgimiento de organizaciones híbridas que faciliten y promuevan el surgimiento de innovaciones.

De este modo, las instituciones educativas tendrían el papel de cooperar con el sector empresarial para conocer sus principales necesidades y, de este modo, proporcionar a los estudiantes las competencias demandadas y una formación básica en investigación; siendo fundamental la transferencia de conocimiento entre el sector empresarial y el ámbito educativo.

Por su parte, y de forma independiente a su ideología, la responsabilidad de los gobiernos según este modelo estaría relacionada con el hecho de cooperar con el sector privado y apoyar los procesos de innovación propuestos; sirviendo también como soporte de las instituciones educativas con las que puede colaborar, a través de programas de financiación o apoyo, para conseguir un mayor desarrollo de las disciplinas más estratégicas y de los procesos de investigación propuestos.

Por tanto, y como defiende este modelo, la unión hará la fuerza y permitirá lograr esa innovación tan deseada.

Javier Alarcos Olivares (@jalarcoso)

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