Historias de mi experiencia: ¿Alegrarse por el éxito ajeno?

A lo largo de nuestra experiencia laboral y de nuestra formación académica, todos nosotros pasamos por multitud de instituciones y conocemos a un gran número de personas. Muchas de ellas nos ayudarán a crecer personal y profesionalmente, aportándonos algo positivo; pero, del mismo modo, en muchas otras observaremos conductas y actitudes que nos harán reflexionar sobre la forma en que jamás querríamos llegar a actuar.

Por ello, y continuando con las “historias de mi experiencia” en las que comparto algunas anécdotas que pueden llevar a la reflexión, en esta ocasión me gustaría publicar un suceso que me llamó especialmente la atención respecto a la forma en que las personas nos podemos sentir molestas ante el éxito de nuestros propios compañeros.

“Tras finalizar mi Máster en Dirección de Recursos Humanos y obtener la calificación del proyecto final, que fue de diez sobre diez, nuestro tutor sugirió que diésemos difusión a ese trabajo con la finalidad de llamar la atención de posibles organizaciones o profesionales interesados en el mismo; pues podía ser la manera de que los integrantes del equipo nos diésemos a conocer en el sector e incluso, con suerte, conseguir oportunidades laborales en un momento complicado por la pandemia del virus SARS-CoV-2.

Desde ese momento, tratamos de aprovechar los frutos obtenidos tras meses de gran esfuerzo, por lo que llevamos a cabo varias acciones cuyo objetivo era dar a conocer la temática y el éxito del proyecto; poniéndonos a disposición de cualquier persona o institución que pudiera estar interesada en conocer más acerca del mismo o que pudiera requerir a alguno de los miembros del equipo para ofrecerle nuevos proyectos u oportunidades a nivel profesional.

Obviamente, no podemos negar que todos nosotros nos sentíamos orgullosos del trabajo realizado y de la calificación obtenida; por lo que esas acciones de difusión se convertían, también, en pequeñas celebraciones de un éxito que había sido conseguido tras mucho esfuerzo, algunas noches sin dormir, varios fines de semana dedicados a trabajar y la renuncia a multitud de momentos de diversión para alcanzar un objetivo que el propio equipo se había autoimpuesto desde el primer momento.

En ningún momento habíamos podido pensar que alguna persona se pudiera sentir molesta ante nuestras publicaciones y lo cierto es que obtuvimos multitud de felicitaciones sinceras; pero, como sucede en muchas ocasiones, la alegría no podía ser total y no estaría exenta de ese momento incómodo que pareció ensombrecer un poco nuestra alegría.

Tras una de esas acciones de difusión, una mañana desperté con un mensaje en el que una compañera del Máster me expresaba su malestar por las publicaciones; argumentando que ella había trabajado mucho pero que no había obtenido la calificación que deseaba, por lo que le molestaba ver el éxito que habíamos obtenido y nos pedía humildad…

Como es lógico, le respondí muy educadamente haciéndole ver que entendía perfectamente su postura, pero que a nosotros nadie nos había regalado nada y que simplemente estábamos siguiendo las recomendaciones de algunos profesionales para tratar de aprovechar el fruto de nuestro esfuerzo; pues, debido a la situación económica y laboral, estaba resultando muy complicado acceder a una oportunidad para obtener experiencia.

En mi caso, incluso me ofrecí en más de una ocasión para colaborar de forma totalmente voluntaria con la organización que pudiese ofrecerme la oportunidad de continuar mi formación; pues mi única intención en ese momento no era obtener un sueldo, sino abrirme paso para obtener experiencia en el sector de los Recursos Humanos y llevar a cabo el giro profesional que me había propuesto meses atrás.

Lo cierto es que, tras hacerle entender mi postura, esta compañera se disculpó y me dedicó muy buenas palabras a nivel personal que le agradecí de corazón; pero lo cierto es que, desde aquel curioso episodio, la alegría por el éxito se vio un poco empañada y, con cada intento de dar visibilidad al proyecto, sentía una pequeña angustia en mi interior ante la posibilidad de que otra persona pudiera sentirse molesta”.

Desde ese momento no pude evitar reflexionar acerca de cómo podía ser posible que, dentro de un sector como es el de Recursos Humanos, hubiese personas que se molestasen ante los éxitos alcanzados por los demás…

¿Acaso no somos nosotros quienes debemos valorar el trabajo de las personas en las organizaciones? ¿No es una de nuestras tareas la de reconocer el esfuerzo de los empleados? ¿Qué queda de todas esas palabras en las que defendemos la importancia de celebrar los triunfos? ¿Seremos capaces de, con estas actitudes, transmitir a los empleados la idea de ser una gran familia?

Javier Alarcos Olivares (@jalarcoso)

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